Todo debe apuntar a las energías renovables
La grilla del pájaro
El mundo vuelve a observar con preocupación el estrecho de Ormuz, ese punto geográfico que, sin exagerar, se ha convertido en uno de los principales termómetros de la estabilidad económica global. Cada tensión, cada amenaza de cierre, cada movimiento militar en esa zona impacta de inmediato en los mercados internacionales, particularmente en el precio del petróleo, y con ello en la inflación, el costo del transporte, la producción industrial y, por supuesto, en el bolsillo de millones de personas; lo que hoy ocurre en Medio Oriente no es un conflicto aislado, es la evidencia más clara de la dependencia que aún tienen las economías del mundo respecto a los hidrocarburos, por lo que todo debe apuntar, como una solución real, a la creación de infraestructura que permita el uso de las energías renovables.
Dependencia.
La fragilidad del sistema energético global queda expuesta cada vez que un conflicto bélico pone en riesgo el flujo de petróleo; dicho estrecho concentra el cruce de cerca del 20% del suministro mundial de crudo, y su eventual bloqueo no solo encarece el energético, sino que genera incertidumbre financiera en “cascada”; de hecho países desarrollados y emergentes reaccionan igual, ajustes en tasas, presión inflacionaria y desaceleración económica, y es que esta dependencia no es casual, es resultado de décadas de decisiones políticas y económicas que privilegiaron lo inmediato sobre lo sostenible. Hoy, el mundo paga el precio de no haber diversificado a tiempo sus fuentes de energía.
Guerra.
No es coincidencia que muchos de los conflictos en Medio Oriente tengan como trasfondo el control de los recursos energéticos, porque el petróleo ha sido, durante décadas, un instrumento de poder geopolítico; quién lo produce, quién lo transporta y quién lo comercializa tiene influencia directa sobre la economía global. Las disputas no solo son territoriales o ideológicas, también son profundamente económicas, y en ese contexto, la volatilidad no es una excepción, es una constante. Mientras el mundo siga dependiendo del petróleo, seguirá siendo rehén de los intereses de unos cuantos actores que dominan su producción y distribución.
Energías.
Las energías renovables ya no son una alternativa, son una necesidad. La energía solar, eólica e hídrica no solo representan una opción más limpia, sino también más estable frente a los “vaivenes” geopolíticos; a diferencia del petróleo, estas fuentes no dependen de rutas estratégicas vulnerables ni de conflictos internacionales, además, su desarrollo impulsa economías locales, genera empleos y reduce la huella ambiental. La transición energética no es sencilla, requiere inversión, planeación y voluntad política, pero es el único camino viable para romper con la dependencia que hoy condiciona al mundo.
México.
En medio de este escenario, México insiste en quedarse en el pasado, la política energética del Gobierno Federal ha privilegiado el fortalecimiento de las refinerías y la producción de combustibles fósiles, bajo el argumento de la soberanía energética; sin embargo esta visión resulta limitada frente a la realidad global, pues apostar por el petróleo en un mundo que comienza a transitar hacia energías limpias no solo es una contradicción, es un riesgo estratégico; mientras otros países invierten en innovación y diversificación energética, nuestras autoridades destinan recursos a modelos que, tarde o temprano, serán desplazados por tecnologías más limpias y eficientes.
Inercias.
El debate no es técnico, es político; seguir apostando por el petróleo es prolongar un modelo que ha demostrado sus límites, tanto económicos como sociales y ambientales. México tiene condiciones privilegiadas para liderar la transición energética, sol, viento y recursos hídricos suficientes para construir una matriz energética moderna y sostenible; sin embargo, se necesita visión de largo plazo y decisiones firmes que rompan con inercias del pasado.
FUENTE : EL SOL DE MEXICO
