La electricidad se dispara y pone a prueba las redes energéticas
El mundo entra de lleno en lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) denomina la “era de la electricidad”. Así lo recoge su informe anual Electricity 2026, donde se advierte de que la demanda global de electricidad aumentará de media más de un 3,5% cada año hasta 2030, un ritmo al menos 2,5 veces superior al del crecimiento total de la demanda energética.
Según informa la propia AIE en la presentación del estudio, este repunte está impulsado por varios factores estructurales: la electrificación de la industria, la expansión del vehículo eléctrico, el mayor uso de aire acondicionado ante el aumento de temperaturas y la rápida proliferación de centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial.
Más renovables y nuclear, menos carbón
El informe apunta a un cambio progresivo en el mix eléctrico global. De cara a 2030, las energías renovables y la nuclear generarán conjuntamente el 50% de la electricidad mundial. Al mismo tiempo, la producción con gas natural seguirá creciendo hasta final de la década, mientras que el carbón irá perdiendo peso a escala global conforme avancen las renovables.
Este nuevo equilibrio implica que las emisiones de CO₂ procedentes de la generación eléctrica se mantendrán, en términos generales, estables hasta 2030. Es decir, no aumentarán de forma significativa, pero tampoco descenderán de manera clara en este periodo.
Para la AIE, el reto no es solo incorporar más capacidad renovable, sino hacerlo de forma que el sistema pueda absorber una producción cada vez más dependiente de las condiciones meteorológicas.
Redes y flexibilidad: la asignatura pendiente
El crecimiento acelerado de la demanda y la mayor presencia de fuentes variables —como la solar o la eólica— obligan a reforzar de manera urgente las redes eléctricas y los mecanismos de flexibilidad del sistema.
La flexibilidad incluye soluciones como el almacenamiento, la gestión de la demanda o las interconexiones entre países, que permiten equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real. Sin estas inversiones, advierte el informe, el riesgo es que la expansión renovable se vea limitada por cuellos de botella en la red. Además, el documento subraya la importancia de garantizar la asequibilidad de la electricidad y la resiliencia de los sistemas eléctricos, dos cuestiones cada vez más presentes en la agenda política global tras las recientes crisis energéticas.
En este contexto de transformación acelerada, ministros y ministras de Energía de todo el mundo se reunirán en París los días 18 y 19 de febrero en la Reunión Ministerial 2026 de la Agencia Internacional de la Energía.
El encuentro, que se celebra cada dos años en la capital francesa, servirá para analizar la evolución de los mercados energéticos, las políticas en marcha y sus implicaciones para la seguridad, la sostenibilidad y el acceso asequible a la energía. La reunión estará presidida por la viceprimera ministra de Países Bajos, Sophie Hermans, y contará con la apertura oficial del director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol.
Entre los gobiernos representados a nivel ministerial o viceministerial figuran Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, República Checa, Dinamarca, Egipto, Estonia, la Comisión Europea, Finlandia, Francia, Alemania, Ghana, Grecia, India, Indonesia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Kenia, Corea, Letonia, Lituania, Marruecos, Países Bajos, Nueva Zelanda, Nigeria, Noruega, Polonia, Portugal, Senegal, Sierra Leona, Singapur, España, Suiza, Togo, Türkiye, Ucrania, Reino Unido y Estados Unidos. Además de responsables gubernamentales, participarán directivos del sector energético, representantes de otras organizaciones internacionales y miembros de la sociedad civil. Paralelamente, el 18 de febrero se celebrará también el tercer Foro anual de Innovación Energética, vinculado a la reunión ministerial.
En definitiva, el mensaje que lanza la AIE es claro: el auge de la electricidad puede convertirse en un pilar de la transición ecológica, pero solo si va acompañado de inversiones decididas en redes, almacenamiento y resiliencia. Sin esa base, la “era de la electricidad” corre el riesgo de avanzar más rápido que la infraestructura que debe sostenerla.
FUENTE: DIARIO RESPONSABLE
